En el día del cariño…

El tiempo continúa su camino, y los días se siguen acumulando. Son ya 571 días desde la última vez en que pude verlas y gozar de su presencia. De sus abrazos, sus besos, el sonido de sus risas, y esa mirada traviesa y llena de vida que las caracteriza. Y a pesar de que día tras día me repito que falta poco, pareciera que el fin está más lejos que nunca, y que está espera nunca llegará a su final. 

Hoy, es uno de esos días cuyo “significado” aprendí a racionalizar. Si bien comparto la noción, y creo firmemente que no es más que un día en el que se estimula el comercio, no deja de tener ese dejo de nostalgia y ganas de celebrarlo con ustedes. Y por lo mismo, pasé mi día entre distracciones forzadas, y el recuerdo de los días del cariño que pude celebrar a su lado. Pero también recuerdo – y encuentro consuelo – en el recuerdo de todos esos días “ordinarios” en los cuales celebramos juntos el amor que nos tenemos: esos paseos por el vecindario, o esas idas al cine, o los almuerzos a media tarde, o las funciones de cine en el cuarto, completos con palomitas y refrescos. Hoy, en lugar de sentir nostalgia y tristeza, mis recuerdos sirvieron para celebrar un día más del cariño… de ese amor que siendo, guardo y expreso por ustedes día con día, porque no pasa un día en el cual no despierte pensando en ustedes, y me vaya a dormir teniéndolas en mi mente. Porque no pasa una hora sin que por cualquier razón piense en cómo estarán, o un momento en el carro en el cual converso con ustedes para contarles lo que pienso, los planes que tengo para nosotros, y les pregunto cómo han estado y cómo estuvo su día. Porque aunque no he tenido la oportunidad de tenerlas físicamente conmigo, las he tenido siempre en mi mente y corazón. Porque no existe nada ni nadie que pueda quitarlas de mi vida, por mucho que se esfuercen, o por mucho que inventen y digan.Si alguna vez pregunté cuál era mi propósito en esta vida, Dios no dudó en darme la respuesta justo en el momento que en el que vi a cada una de ustedes tomar su primer aliento. Sepan que las amo, y que cada vez que las veo reitero que el amor de mi vida existe, pues lo veo materializado en ustedes.

Confío en que falta poco para que podamos estar juntos, y que tendremos la oportunidad de compartir muchísimos momentos y cosas. Confíen en eso, pues tenemos el resto de nuestras vidas para hacerlo.

Mientras ese momento llega, seguiré pidiéndole a Dios por su bienestar y su felicidad, a la vez que le pido me permita gozar nuevamente de tenerlas en casa. Hasta donde estén, les envío infinitos besos, y tantos abrazos como necesiten y quieran. Deseo hayan gozado de un feliz Día del Cariño; yo al menos lo gocé, teniéndolas en mi mente y mi corazón a lo largo del día.

Con todo mi amor… Papi.

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Si hoy fuera el día…

520.

Hoy es un día particularmente “difícil”. Es un día cargado de nostalgia, de sentimentalismo, un día en el que las familias acostumbran reunirse, compartir, comen juntas… todo lo que muchas veces disfrutamos nosotros tres. Hoy es día de “Noche Buena”. Sin embargo, la vida me presenta por segundo año consecutivo la increíblemente difícil prueba de no tenerlas conmigo… y eso, mis amores, es lo que me ha tocado vivir durante los últimos 520 días (sí, llevo la cuenta desde el primer día en que decidieron no permitirme verlas; en que decidieron no permitirles verme ni estar conmigo). Y por alguna razón, durante todo el día ha venido a mi mente una pregunta en particular: “Y si hoy fuera el día…?”.

Si hoy fuera el día en que Dios decidiera llamarme a su presencia? Seguramente moriría con el sentimiento de tristeza por no haberlas visto durante tanto tiempo, y no haberles podido decir – aunque siempre se los he dicho – cuánto las amo, y cuánto significan para mi. Pero a la vez moriría con la satisfacción de saber que hice y dije todo lo que podía y debía para con ustedes. Moriría con la tranquilidad de saber que en sus corazones saben todo lo que significan para mi. Estaría – y de hecho, lo estoy – agradecido con Dios por haberme dado el privilegio de ser papá de las mujeres más hermosas que mis ojos hayan contemplado, habiéndome concedido el deseo de ser padre de dos hermosas gemelas. Moriría con la convicción de que, de alguna manera, estaré con ustedes por el resto de sus vidas, en cada uno de esos momentos que definirán sus vidas, sean buenos o no tan buenos; sabiendo que en la línea del tiempo siempre seré su papá, y ustedes mis hijas, y nada ni nadie podría argumentar lo contrario.

Si hoy fuera el día en que Dios nos permita estar juntos nuevamente? Sería el hombre más feliz que haya puesto pies sobre la faz de este planeta, como lo he sido desde el momento en que supe que existían en el vientre de su mami. Como lo he sido desde aquella vez en que pude verlas a través de un sonograma, y escuchar los latidos de sus corazoncitos, sabiendo que mi existencia contribuyó a la de ustedes, y que ese es uno de los propósitos que Dios tiene para mi vida. Sería tal mi emoción, que no sabría qué hacer primero: si venir a casa y compartir con ustedes como lo hicimos durante tantos días, o si les gustaría ir a comer a alguno de los restaurantes que tanto nos gustan. Sería tal mi emoción, que me bastaría saberme al lado suyo, y tener la posibilidad de abrazarlas, de besarlas, de contemplarlas como tantas veces lo hice mientras dormían, o incluso escuchar con atención cada detalle de los relatos que me hacían sobre sus sueños y pensamientos. Y es que en realidad nunca necesité más que tenerlas a mi lado, y eso es lo que hoy mi corazón anhela.

Si hoy fuera el día en que pudiese tenerlas en casa? Estaría seguramente con ustedes viendo alguna película, mientras nos preparamos para dormir,  sabiendo que una vez estén dormidas, habría de levantarme para sacar los regalos que con tanta ilusión les habría comprado, para colocarlos debajo del árbol y así poder celebrar la mañana de Navidad como lo hicimos tantas veces. Mi mayor gozo, mi mejor regalo, siempre fue ver sus expresiones de felicidad al encontrar sus regalos, y notar la alegría con la que abrían cada uno de ellos, pues todo mi esfuerzo y empeño siempre ha sido por proveerles no solo lo que necesitan, sino “un poquito más” que les permita disfrutar de la vida de manera similar a como mis papás me permitieron hacerlo cuando niño.

Sin embargo, para mi pesar ese día no es aún; y probablemente pasará otra buena cantidad de días antes de que ese tan añorado día llegue. El tiempo transcurrido, que creí un suplicio al inicio, se ha convertido con el pasar del calendario en una experiencia de difícil aprendizaje, en el cual tuve que aprender a ser paciente, a ser optimista, a no dejarme caer y seguir adelante, esperanzado en el mañana que me permitiría estar nuevamente con ustedes. Aprendí (o más bien, reforcé mi creencia) que el tiempo que tenemos en este mundo es extremadamente limitado, y que hemos de hacer de él lo mejor que podamos. Aprendí a no desperdiciarlo en enojos, en resentimientos, en todas esas cosas negativas que lejos de construir, solamente nos destruyen. Aprendí a ser optimista, y ver en cada reto o problema una oportunidad para ser mejor persona. Si bien siempre estuve con ustedes y me esforcé por dedicarles tiempo, sé que en adelante habré de mejorar la calidad del tiempo que les dedique, y aprovecharlas al máximo. Pareciera apenas ayer que tuve la oportunidad de verlas nacer a esta vida y cortar el cordón umbilical de cada una; pareciera apenas ayer cuando salía con ustedes cargando una pañalera llena de ropita, pachas, fórmula, jugos y cuanta cosa sabía podría servirme para atenderlas. Pareciera apenas ayer cuando pasaba “penas” para cambiarlas, al no encontrar cambiadores en los baños de hombres, y tenía que entrar al baño de mujeres (ante las miradas juiciosas y críticas de muchas mujeres) para poder cambiarlas en un lugar adecuado. Pareciera apenas ayer cuando íbamos a pasear a esos lugares que tanto les gustan, o cuando las llevaba a comer la “carnita” que tanto les gusta, o esas crepas que siempre pedían pero de las cuales solo comían la mitad (por ser porciones más grandes que su apetito). Pareciera apenas ayer cuando íbamos a pasear a cualquier lugar, y reíamos juntos ante nuestras ocurrencias y bromas que solo nosotros entendemos en nuestra complicidad. Y, saben? Es nuestro ayer lo que me da fuerzas para seguir adelante, y alimentan mi esperanza por un mañana lleno de más experiencias como esas.

Sé que no será fácil. Sé que habrá momentos difíciles que juntos habremos de superar. Pero también sé que los momentos felices serán más, y que harán que toda pena y todo problema se opaque y desaparezca en el tiempo.

Sepan que siempre he estado acá, y que siempre he estado con ustedes. A pesar de la distancia, y de no poder comunicarnos, mi corazón siempre está con ustedes, y ustedes siempre están en mi mente. Nada ni nadie puede alejarlas de mi corazón, ni hacerme olvidar quién soy en sus vidas, y sobre todo quienes son ustedes en la mía. Las amo más con cada día que pasa, y sé que es del tipo de amor que trasciende distancias y tiempo. No sé si algún día leerán estas palabras, pero sé que sin hacerlo, comprenden y saben lo que cada una de ellas pretende decir. Sepan que siempre serán “mis muchachitas”, mis amores, mis novias.

Sé que hoy todavía no es el día, pero también sé que cada día que pasa es un día menos en la cuenta regresiva para que estemos juntos otra vez.

Hasta donde estén, les envío todo mi amor, un fuerte abrazo, miles de besos a cada una, y les deseo una muy Feliz Navidad!

Con amor eterno,

Papi.

Mañana de Navidad, 2009.

Hoy es un día especial…

Hoy es un día especial, fuera de lo normal. Para nada ordinario, sino todo lo contrario. Un día para celebrar. Celebrar el que hace poco más de tres décadas el día sería marcado en la linea del tiempo como único, relevante… ideal.

Hoy me uno a la celebración de muchos, porque Dios y la vida nos dieron el privilegio de que formaras parte de nuestras vidas, y que el azar – o el destino divino – permitieran que de alguna manera pudiéramos llegar a la tuya.

Te deseo lo mejor… una vida plena. Una vida llena de alegría, de felicidad. Colmada de bendiciones y momentos divinos. Pido a Dios te dé una larga vida, y nos permita a aquellos que te queremos seguir formando parte de la misma, para disfrutar de tu sonrisa, de tus ocurrencias, de tus cóleras y arrebatos. De tus detalles, tus palabras de aliento, tu mirada, y de tu ser.

Pretendo trasladar en estas palabras el cariño y aprecio que te tengo; que recuerdes que en mi vida eres importante y que, sin saberlo quizá, has marcado diferencia. Quisiera estar allí para abrazarte, darte un beso y susurrar a tu oído el más dulce “Feliz Cumpleaños” que hayas escuchado; y que sientas en mi abrazo lo que significas para mi.

Te deseo un día espectacular! Feliz cumpleaños, y que cumplas muchos más!

Un abrazo.

JM

En tus zapatos…

Hoy que te duele el corazón,
hoy que te quedas sin motor,
hoy que la pena no te deja seguir.

Hoy que te ves a la deriva,
y que te pesa el estar viva,
no vengas… porque así me sentí.

Hoy que deja a la mitad,
hoy que te incumplen las promesas,
hoy que despiertas sin saber donde estás.

Hoy que destruyen tu confianza,
y sientes que nada te alcanza,
no vengas… porque así me sentí.

Por si no te acuerdas,
yo estuve en tus zapatos.
Fuiste mi verdugo y la culpable,
de hoy que me alivie tus fracaso.

Hoy que te arde el alma y te cuesta cada paso,
no vengas a pedirme que te abrace y que recoja los pedazos.
No vengas… porque así me sentí

Hoy que salen de tu vida,
hoy que te avisa la caída,
no vengas… porque así me sentí.

Por si no te acuerdas,
yo estuve en tus zapatos.
Fuiste mi verdugo y la culpable,
de hoy que me alivie tus fracaso.

Hoy que te arde el alma y te cuesta cada paso,
No vengas a pedirme que te abrace y que recoja los pedazos.
No vengas…porque así me sentí.

Cuando dijiste que te ibas,
Ya ves? Es así.
La vida sola se equilibra.
No puedo mentir,
me sabe bien tu pesadilla…

Por si no te acuerdas,
yo estuve en tus zapatos.
Fuiste mi verdugo y la culpable,
de hoy que me alivie tus fracaso.

Hoy que te arde el alma y te cuesta cada paso,
no vengas a pedirme que te abrace y que recoja los pedazos.

Si tú te acuerdas,
yo estuve en tus zapatos.
Fuiste mi verdugo y la culpable…

Hoy que te arde el alma y te cuesta cada paso,
no vengas a pedirme que te abrace yque recoja los pedazos.

No vengas… porque así me sentí.

Letting go…

As time goes by, and I get older (and wiser, I hope), I’ve come to terms with lots of things that a few years back either pissed me off, or brought me down. One of them, is the perception that sometimes you seem to give everything and anything for someone, and in the end you get nothing in return; and often times I was tempted to believe that such people were only using me, or out to get me. But it’s far more simple than that.

I firmly believe that nothing happens out of chance. There is no such thing as you meeting someone by accident, coincidence or something of that sort. I believe that God puts people in your life for a reason… they always bring something to your life. It very well could be a lesson, a blessing, comfort, love, companionship, anything for that matter. But also, and more importantly, I’ve learned that when one gets to a point were you feel that someone is only “taking and giving nothing in return” the moment has come to let go of that person. I by letting go I don’t mean that you deliberately send them their own way and sever any ties; what I mean is that you must be willing to let that person continue his/her own path, and stop looking for or actively pursuing any contact with such an individual.

For instance, I’ve met people that at some point I felt I connected with; and because of this connection, I’ve been willing to offer support, lend an ear to them, try and help them, while at the same time they bring something into my life, and not necessarily material things, but a friendship. An honest friendship. To me, friendship has always come with no strings attached, meaning that I always befriend people without expecting to “get something out of it” but friendship itself. However, I’ve learned to recognise when that friendship becomes a one-way relationship, in which people expect you to always be there for them, but are never willing to be there for me. That’s ok. I’ve no problem with that. But at that point, I just let them continue their own way; I mean.. I still hold my friendship to them, but won’t look for them anymore; and if they come back to me, I will still hold a conversation with them, empathise with them, but a boundary has been set. I am no longer willing to go out of my way for them, nor concern myself with their problems as if they were my own. I guess you can call it a “light friendship”, an acquaintance, and nothing more.

You see, there are a lot of people out there that will only look for you when they feel they can get something out of you (even if it is only to support them and provide reassurance that they have someone to rely upon), but won’t give you the time of day once their needs have been fulfilled (emotional or otherwise).

Call me selfish if you will, but I’m ok with being selfish. A relationship is only possible – I believe – if both parties involved equally benefit from it. And no… I’m not referring only to material benefit, but benefit in the whole sense of the word. After all, I am also entitled to being able to rely on my friends, just the same as they are to rely on me.

So anyways… I’ve learned that people will come and go in and out of my life; some will be in my life for years, and some only for a few months. When that time comes – the time to let them continue their own journey, I firmly believe that I’ve fulfilled my purpose in their lives. Perhaps our paths will cross further down the road; perhaps we’ll distance from each other to a point were we’ll never hear from each other again. And that’s fine. I’m grateful for them being in my life at some point, and hope that my presence in theirs has filled a purpose.

And I say (write) this sincerely. I hope I am (or was) a good friend, and I’m thankful for being able to call you a friend at some point in my life. After all, life goes on, and one must learn to let go.

Autopilot

Have you ever gone into your bathroom, for no good reason stare at yourself in the mirror, and ask yourself: “how did I get here?”. No? Well… you are lying, and it’s been happening to me too often times recently.

I’m under a year from turning 40 (not that age worries me, actually), but see myself living in an empty house, working my ass off just because, and (still) trying to figure out which way I should point my life towards to. You see… I somehow envisioned my life being quite different from what it has become. Wife, kids, a dog, enjoying life. Well, reality check: no wife, haven’t seen my kids in over three months (long story, divorce-related of course. Some other time.), I do have a dog, and I’m enjoying life… as best as I can.

So there I was… trying to recognise who’s reflected in the mirror. Kinda looks familiar. Slightly older, a few grey hairs, a few wrinkles, about the same weight I’ve held for the last 10 or so years. And you know, in spite of the familiarity, I hardly recognised the poor bastard. Where has my happiness gone? I can’t find my drive nowadays. What the hell is going on? And suddenly, the simplest answer came to mind: “Dude, you’re living in autopilot. So, why do you bitch about it?”.

OK, so what now? Well… that’s yet to be seen. Definitely need to change my ways. So here’s a list of “to do’s” off the top of my mind:

  • Spend less time working. Spend more time living.
  • Go out more.
  • Go back to reading.
  • Retake my old “bucket list”, revisit it, and work for it.
  • Get more sleep. A lot more sleep.
  • Eat better, healthier.
  • Loosen up a little bit. Take a few notches down the “gottacontroleverything” impulse.
  • Make new friends.
  • Did I say I have to spend less time working? Oh! And get some more sleep.

Well, things of that sort. But most importantly, stop living in autopilot.