Hoy son dos años…

IMG_0632Esta mañana desperté con un dejo de nostalgia. Honestamente, hubiese querido seguir durmiendo, pues es en mis sueños a donde frecuentemente las encuentro, y puedo platicarles, y compartimos tantas cosas como solíamos hacerlo.

Y es que hoy son dos años desde que pude gozar de la libertad de verlas y tenerlas conmigo. Han sido dos años a donde el silencio ensordecedor que envuelve nuestra casa añora llenarse de sus risas, de sus voces, de esos sonidos que hacían al peinarse y secarse el pelo, o cuando se entretenían viendo una película mientras compartíamos esas “palomitas” que tanto les gustan. Son dos años en los cuales el aroma de las palomitas recién hechas, o los panqueques que tanto les gustaba les cocinara, han estado ausentes.

Hoy son dos años de larga espera, durante los cuales mi fe se ha visto fortalecida, y mi esperanza por pronto tenerlas se acrecienta con el paso de cada día. Cuento cada día, y se marcan uno a uno en mi corazón. Jamás pensé que la vida me presentaría con el reto de estar lejos de ustedes, y aunque al inicio sentía rabia por la impotencia de no poder hacer nada, con el tiempo la rabia se convirtió en humildad, misma que me ha llevado a aceptar las circunstancias del momento, y a saber que el día está marcado en el calendario en el cual habremos de reunirnos y retomar justo a donde todo quedó en suspenso.

No alcanzo entender el por qué, aunque he aprendido que hay situaciones en la vida que no hemos de entender, sino solamente aceptar. Pero al mismo tiempo, he aprendido que hemos de luchar sin cuartel por lo que nosotros creemos, observando no solo lo que la ley permite, sino especialmente lo que a los ojos de Dios es bueno y correcto.

La última vez que las pude ver, fue – paradójicamente – hace un año en el juzgado, momento en el cual pude gozar de apenas 10 minutos que, si biee supieron a gloria, me fueron insuficientes. En sus camas están los regalos que con el tiempo he ido comprando para ustedes con motivo de su cumpleaños, o Navidad, o porque simplemente iba caminado y pensé “eso les fascinaría” y dispuse simplemente comprarlo. Espero sea pronto cuando pueda dárselos, junto con todos los besos y abrazos que durante este tiempo he guardado solo para ustedes.

No sé exactamente cuanto tiempo más habré de soportar este suplicio; lo único que puedo hacer es pedir a Dios me siga fortaleciendo como hasta ahora lo ha hecho, para seguir adelante, confiando en que pronto podré volver a verlas. Mientras tanto, seguiré haciendo todo lo que pueda y esté a mi alcance, para poder verlas y tenerlas conmigo.

Sepan que no pasa un momento en mi vida sin que las tenga presentes. A donde voy y estoy las llevo conmigo, pues son mi motivación y razón de vida.

Las amo con todo mi ser.

Papi.

 

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